Despertares 117.-
«Debemos llevar nuestra cruz y confiar. Yo tengo fe y por eso no sufro tanto, por eso no le temo a la vida, pienso en mi vocación» — Nina, 'La gaviota' de Chejov.
Te abro mi diario personal: cavilaciones y curiosidades que me han acompañado durante la semana. Una dádiva con la que espero que tu día empiece —o acabe— de forma diferente…
Lunes 27 de abril de 2026
La ingratitud prospera allí donde una sociedad empieza a creer que todo le es debido. Cuando desaparece la conciencia de don, de herencia y de límite, también se erosiona la capacidad de agradecer. Entonces ya nada se recibe, sino que todo se exige.
Una comunidad que solo sabe reclamar, pero no reconocer, termina empobreciéndose moralmente. Porque agradecer no es un gesto decorativo ni una cortesía menor; es una forma de lucidez. Solo quien sabe que no se ha dado a sí mismo todo lo que tiene puede mirar el mundo sin soberbia.
Martes 28 de abril de 2026
Una civilización puede seguir “funcionando” y, aun así, haberse quedado sin porqué. Cuando el futuro deja de imaginarse, el presente se vuelve mera gestión del miedo. Y lo humano —sin promesa— se encoge.
Miércoles 29 de abril de 2026
Cada casa antigua es, en cierto modo, un viaje a través del tiempo: un espacio compartido que va absorbiendo hábitos, rutinas, silencios y emociones, y que termina diciendo mucho —aunque nunca todo— de quienes la habitan. Las casas saben cosas de nosotros. Conocen nuestros estados de ánimo, nuestros ritmos, nuestras ausencias; guardan, con una discreción casi sagrada, escenas que nadie más vio. Son testigos herméticos de nuestras ambivalencias, de nuestras alegrías menores, de lo que se rompió y de lo que permaneció. Y también ellas envejecen, se apagan, mueren a su manera: con sus sigilos, sus nostalgias y sus propios fantasmas. En palabras de Jørgen Stangebye «la arquitectura nunca alza la voz, pero lo recuerda todo» .
Jueves 30 de abril de 2026
Conviene dejar de blandir el ‘primum non nocere’ como si bastara una consigna para resolver lo trágico. No hacer daño no significa prolongar siempre, intervenir siempre, aferrarse siempre. A veces también daña el encarnizamiento, la obstinación de seguir tratando cuando ya no se está curando, sino alargando el sufrimiento. Cuidar bien exige otra clase de prudencia: saber aliviar, saber sostener, saber retirarse a tiempo. Por eso empobrece tanto oponer principio hipocrático, cuidados paliativos y eutanasia como si pertenecieran a mundos incomunicables. El verdadero deber no es usar la medicina como arma moral, sino ponerla al servicio de la dignidad concreta de alguien que sufre. Hay situaciones en las que cuidar es curar; otras en las que cuidar es no invadir más; y algunas extremas en las que el conflicto no desaparece, pero solo puede pensarse decentemente después de haber cuidado todo lo demás.
Viernes 01 de mayo de 2026
Una casa con secretos es, muchas veces, una casa avergonzada. No porque todo deba decirse ni toda intimidad deba exponerse, sino porque hay silencios que no protegen: encubren. Hay muros que no resguardan la vida interior, sino que aprenden a contener lo innombrable, lo que duele, lo que se teme mirar de frente. Entonces la casa deja de ser refugio y se convierte en escenario de una cautela triste. Quizá por eso algunas habitaciones pesan: porque no guardan solo memoria, sino también aquello que nunca encontró palabras sin temblar.
Sábado 02 de mayo de 2026
Todos arrastramos sesgos: raciales, de clase, de sexo, de tribu, de afinidad. Distinguir, seleccionar, discriminar en algún sentido forma parte de la vida humana; lo moralmente decisivo no es tanto ese mecanismo como las razones que lo sostienen. Ahí es donde empieza la discusión seria: cuando los criterios son irracionales, injustos o degradan la dignidad ajena. No todo sesgo es una condena, pero sí toda renuncia a examinarlo.
Domingo 03 de mayo de 2026
Hay cumpleaños que no invitan tanto a celebrarse como a inclinar la cabeza y agradecer. Llegar hasta aquí —con lo perdido, lo aprendido, lo amado y también lo que dolió— ya es una forma de gracia. Y si además el día nos devuelve la memoria de quien nos dio cuerpo, amparo y primera intemperie, la fecha adquiere una hondura especial. Cumplir años quizá consista menos en sumar tiempo que en honrar de dónde venimos y qué clase de presencia queremos ser para otros. Vivir, al final, también es eso: recibir la vida y tratar de devolverla hecha cuidado.
Hoy esa gratitud se me ensancha por partida doble: por cumplir 40 años y por la mujer que me la dio. Felicidades, mamá.
Y hasta aquí por ahora…
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