«La esperanza tiene dos preciosos hijos: sus nombres son enfado y valor; enfado al ver cómo son las cosas y valor para no permitir que continúen así» — San Agustín.
La pasada semana ya se diluye en el pasado mientras yo todavía me hallo, de alguna forma, con un pie en ella. Ha sido una semana llena de despertares pero creo que se podría resumir en uno al que te refieres: lucho (luchamos) contra la uniformidad y pedimos respeto en medio de esa lucha. He habitado mi voz para pedirlo y ha sido casi como un duelo descubrir que ese mundo exige esa lucha constante.
Leer los tuyos siempre me conecta con mis propios despertares.
Ese “un pie todavía en la semana” lo entiendo bien. A veces los despertares no pasan; se quedan trabajando por dentro.
Lo que dices de habitar la propia voz para pedir respeto tiene algo de umbral: no es solo decir algo, es situarse de otra manera en el mundo. Y sí, a veces duele descubrir que eso exige una cierta constancia, incluso una forma de lucha. Pero también es señal de que uno ha dejado de diluirse.
Me alegra que mis palabras te acompañen ahí, pero lo valioso es lo que nombras tú: ese movimiento propio, ese darse cuenta que ya no se puede desoír.
Madre mía esta semana viene profunda ☺️. Felicidades a tu madre por tenerte! Ay las madres… qué seríamos de nosotros sin ellas. Cuánto extraño a la mía. Siempre ha estado en los nacimientos de los niños y esta vez no ha podido venir. Era demasiado para ella. No podía dejar que viniera y se pusiera a hacer mil cosas conforme tiene la salud. Y siento mucha soledad. Las madres ocupan un lugar tan sagrado en nuestras vidas… Deseo volver a verla pronto.
Otras veces, basta con recibir este boletín para que los nubarrones desaparezcan y pueda uno reconciliarse con un domingo de mierda. Gracias Cuca, querida, un día más.
La pasada semana ya se diluye en el pasado mientras yo todavía me hallo, de alguna forma, con un pie en ella. Ha sido una semana llena de despertares pero creo que se podría resumir en uno al que te refieres: lucho (luchamos) contra la uniformidad y pedimos respeto en medio de esa lucha. He habitado mi voz para pedirlo y ha sido casi como un duelo descubrir que ese mundo exige esa lucha constante.
Leer los tuyos siempre me conecta con mis propios despertares.
Gracias
Ese “un pie todavía en la semana” lo entiendo bien. A veces los despertares no pasan; se quedan trabajando por dentro.
Lo que dices de habitar la propia voz para pedir respeto tiene algo de umbral: no es solo decir algo, es situarse de otra manera en el mundo. Y sí, a veces duele descubrir que eso exige una cierta constancia, incluso una forma de lucha. Pero también es señal de que uno ha dejado de diluirse.
Me alegra que mis palabras te acompañen ahí, pero lo valioso es lo que nombras tú: ese movimiento propio, ese darse cuenta que ya no se puede desoír.
Gracias por compartirlo así.
Un abrazo, Eva.
Madre mía esta semana viene profunda ☺️. Felicidades a tu madre por tenerte! Ay las madres… qué seríamos de nosotros sin ellas. Cuánto extraño a la mía. Siempre ha estado en los nacimientos de los niños y esta vez no ha podido venir. Era demasiado para ella. No podía dejar que viniera y se pusiera a hacer mil cosas conforme tiene la salud. Y siento mucha soledad. Las madres ocupan un lugar tan sagrado en nuestras vidas… Deseo volver a verla pronto.
Un abrazo grande Cuca
Así es, las madres sostienen la civilización. No debería olvidarse eso.
Y hablando de madres, tus niños son afortunados 💚.
Otras veces, basta con recibir este boletín para que los nubarrones desaparezcan y pueda uno reconciliarse con un domingo de mierda. Gracias Cuca, querida, un día más.
A mí también me reconforta encontrarme con tu mensaje.
Gracias, mi querido Pepe.