Rebelarse, obligarse a despertar de esa mirada adormecida que convive con lo intolerable, a menudo requiere un esfuerzo titánico, parecido a abrirse uno mismo en canal para intentar sanar la infección y la podredumbre. Desgarrarse es siempre doloroso, resistirse es comprensible, pero llevados al límite, cuando ya es cuestión de supervivencia, hay que ser muy necio para dejar que el miedo se apodere de la situación y nos siga paralizando hasta la muerte.
Rebelarse, obligarse a despertar de esa mirada adormecida que convive con lo intolerable, a menudo requiere un esfuerzo titánico, parecido a abrirse uno mismo en canal para intentar sanar la infección y la podredumbre. Desgarrarse es siempre doloroso, resistirse es comprensible, pero llevados al límite, cuando ya es cuestión de supervivencia, hay que ser muy necio para dejar que el miedo se apodere de la situación y nos siga paralizando hasta la muerte.
Qué poético, Pepe. Así es, es un esfuerzo diario -titánico- el no caer en la 'comodidad' de mirar para otro lado.
Abrazos 🫶🏻.