Cuca, en tus textos siempre encuentro algún cobijo en el que me quedaría a vivir. Esta vez me ha parecido maravilloso eso de que •Cuando el tiempo pierde hondura, también la vida empieza a perderla; porque recordar no es mirar atrás con nostalgia, sino conservar el hilo que nos permite saber quiénes somos•
Qué bonita forma de dibujar mis textos: cobijo. Gracias se me queda coeto, Flor. Si mis despertares son cobijo es, sin duda, porque alguien (tú) los hace hogar.
Y sí, recordar es saber quiénes somos. Es volver a pasar por el corazón.
Hoy he tomado la decisión de parar durante dos meses las clases de Escritura Creativa. Lo único que quiero hacer es llorar por no tener el tiempo para escribir todo lo que quiero. Pero hay una parte de mí que me guía, no sé si hacia lo correcto o hacia lo que debería ser.
Ser madre de cuatro hijos implica una renuncia constante a uno mismo. Sobre todo al principio cuando son demasiado pequeños. Quiero hacerlo bien y aunque sienta tristeza y miedo, no quiero fallarme a mi misma en mi labor de madre.
Así que así estoy, querida Cuca, sorteando los obstáculos que van llegando.
Aaiinssss, mi apreciada Elisa. Por otra tesitura (en mi caso laboral) me veo en una situación similar: no puedo dedicar(me) el tiempo que quiero para escribir y es frustrante. Duele.
No soy madre, pero esa vocación tuya (la de las madres) no tiene precio y, sin embargo, es lo más valioso que tiene y hay en la civilización.
No necesito verte para saber que lo haces lo mejor que puedes. Tu dedicación y esmero tiene sus frutos y tus 4 niños son la prueba de ello.
No seas tan dura contigo. Recuerda: quiérete con exigencia y exígete desde el cariño.
Es curioso que el mundo actual, tan tecnológico e hiperconectado, penaliza precisamente esa continuidad que mencionas, ese hilo que nos conecta con los demás y con nosotros mismos. Poco se habla de la fragmentación de las conversaciones, hechas añicos, desintegradas en forma de infinitos mensajes lanzados a través de múltiples canales, esperando una repuesta que quizás nunca llegue. La conversación se torna una ilusión casi inalcanzable, si no imposible. Las respuestas ya sólo importan por la dopamina de la notificación que las anuncia. La era de la información nos ha convertido en náufragos solitarios que lanzan audios a un océano de ruido.
Me encanta esa imagen de los náufragos lanzando audios a un océano de ruido.
Tengo la impresión de que una de las grandes paradojas de nuestro tiempo es precisamente esa: nunca habíamos tenido tantas posibilidades de comunicarnos y, sin embargo, cada vez nos cuesta más sostener conversaciones que tengan continuidad, memoria y profundidad. Quizá por eso valoro tanto espacios como este. No porque resuelvan el problema, sino porque permiten recuperar algo del hilo. Esa sensación de que alguien lee, responde, recuerda y añade una pieza más a una conversación que no empezó hoy ni tiene por qué terminar mañana.
Cuca, en tus textos siempre encuentro algún cobijo en el que me quedaría a vivir. Esta vez me ha parecido maravilloso eso de que •Cuando el tiempo pierde hondura, también la vida empieza a perderla; porque recordar no es mirar atrás con nostalgia, sino conservar el hilo que nos permite saber quiénes somos•
Gracias por seguir ofreciendo resguardo ❤️
Qué bonita forma de dibujar mis textos: cobijo. Gracias se me queda coeto, Flor. Si mis despertares son cobijo es, sin duda, porque alguien (tú) los hace hogar.
Y sí, recordar es saber quiénes somos. Es volver a pasar por el corazón.
Abrazos.
Hoy he tomado la decisión de parar durante dos meses las clases de Escritura Creativa. Lo único que quiero hacer es llorar por no tener el tiempo para escribir todo lo que quiero. Pero hay una parte de mí que me guía, no sé si hacia lo correcto o hacia lo que debería ser.
Ser madre de cuatro hijos implica una renuncia constante a uno mismo. Sobre todo al principio cuando son demasiado pequeños. Quiero hacerlo bien y aunque sienta tristeza y miedo, no quiero fallarme a mi misma en mi labor de madre.
Así que así estoy, querida Cuca, sorteando los obstáculos que van llegando.
Gracias por tus Despertares. Un abrazo fuerte
Aaiinssss, mi apreciada Elisa. Por otra tesitura (en mi caso laboral) me veo en una situación similar: no puedo dedicar(me) el tiempo que quiero para escribir y es frustrante. Duele.
No soy madre, pero esa vocación tuya (la de las madres) no tiene precio y, sin embargo, es lo más valioso que tiene y hay en la civilización.
No necesito verte para saber que lo haces lo mejor que puedes. Tu dedicación y esmero tiene sus frutos y tus 4 niños son la prueba de ello.
No seas tan dura contigo. Recuerda: quiérete con exigencia y exígete desde el cariño.
Gracias por estar siempre al otro lado.
Abrazos.
Es curioso que el mundo actual, tan tecnológico e hiperconectado, penaliza precisamente esa continuidad que mencionas, ese hilo que nos conecta con los demás y con nosotros mismos. Poco se habla de la fragmentación de las conversaciones, hechas añicos, desintegradas en forma de infinitos mensajes lanzados a través de múltiples canales, esperando una repuesta que quizás nunca llegue. La conversación se torna una ilusión casi inalcanzable, si no imposible. Las respuestas ya sólo importan por la dopamina de la notificación que las anuncia. La era de la información nos ha convertido en náufragos solitarios que lanzan audios a un océano de ruido.
Me encanta esa imagen de los náufragos lanzando audios a un océano de ruido.
Tengo la impresión de que una de las grandes paradojas de nuestro tiempo es precisamente esa: nunca habíamos tenido tantas posibilidades de comunicarnos y, sin embargo, cada vez nos cuesta más sostener conversaciones que tengan continuidad, memoria y profundidad. Quizá por eso valoro tanto espacios como este. No porque resuelvan el problema, sino porque permiten recuperar algo del hilo. Esa sensación de que alguien lee, responde, recuerda y añade una pieza más a una conversación que no empezó hoy ni tiene por qué terminar mañana.
Gracias, mi querido Pepe.