El amor no tiene cura con Claudia Cuevas - I
"Una carta no se ruboriza" — Ciceron.
La naturaleza perdurable de una carta se prestaba a un diálogo reflexivo y, de hecho, algunas de las conversaciones más valiosas de la historia fueron mediadas por el intercambio de cartas.
01 de octubre de 2024
Mi estimada Claudia:
Estaba deseosa de llegar a casa para poder escribirte. Son muchas las razones, pero la más cercana en el tiempo es que andaba releyendo las correspondencias entre Antón Chéjov y Olga Knipper. No sé si conoces su historia. Lo que partió de la admiración mutua por el trabajo de cada uno, se fue tornando en amistad para convertirse, con el tiempo y los encuentros, en algo más. Contrajeron matrimonio, creando una unión que perduraría hasta la muerte del escritor. Fue una relación que estuvo marcada por la distancia, por la diferencia de edad, por sus continuos encuentros y desencuentros, por la escritura y el teatro. La enfermedad de Chéjov, que limitaba sus movimientos, así como la carrera de Knipper en los escenarios obligaron a la pareja de enamorados a pasar largas temporadas separados. Por ello recurrieron a las cartas para mantener viva su pasión. Son misivas que hablan del trabajo, del amor, del teatro o de la vida cotidiana. Para él, la historia de amor con ella, significó una segunda juventud: la alegría y la luminosidad de ella le dieron las energías necesarias para escribir obras conocidas como Las tres hermanas y El jardín de los cerezos.
Su correspondencia es una delicia en la que intuyes que aquello que te cuenta no será, desde luego, lo único que habrá tenido lugar. Eso sí, se hace evidente que su amor se hizo a fuego lento, con dedicación y esfuerzo. Un amor que se mantuvo y fortaleció con el tiempo y a pesar de la época, los infortunios y dificultades que vivieron. Y esa forma de dibujar el amor, el compromiso y un vínculo que perduró hasta la muerte de él, me ha hecho pensar en la época que vivimos y cómo lo digital parece que ha catalizado nuevos modos de habitar y vivir la intimidad. Las aplicaciones de citas y las redes sociales digitales facilitan la iniciación y el reconocimiento del mercado amoroso, transformando el panorama de las relaciones sexuales y afectivas. Pero esa metamorfosis de la intimidad en un mundo interconectado —en apariencia— ha dado lugar a un enfriamiento. Byung-Chul Han en su ensayo La agonía del Eros se pregunta el motivo del actual enfriamiento de la pasión. Considera que el Eros está amenazado por las enormes oportunidades y por la idea ilusoria de libertad sin fin. Hoy día no se buscan las mejores experiencias sino el mayor número de ellas, con el objetivo único de rendir sexualmente hasta satisfacernos al máximo. El axioma de la abundancia en el proceso de selección implica que prestemos escasa atención a lo que ya tenemos y a lo que vendrá.
Considero que Eros siempre significó una movilización total del yo, una capacidad esencial para entrar en conexión con otras personas, mejorando así la existencia propia y ajena. Sin embargo, en la actualidad, lo digital y sus ramificaciones actúan como potentes cajas de resonancia de una cultura del “¡mírame!”, maximizando la autoadmiración y eliminando la otredad. Lo erótico ha dado paso a una hipersexualización donde han desaparecido los rituales de cortejo, galanteo y seducción. Pienso que si recuperemos la capacidad de dialogar, de entablar una relación con lo distinto y de salvar lo bello, entonces, salvaremos a Eros que es, en definitiva, recuperar lo vinculante.
El amor es una de las experiencias universales en la que se ve envuelto el ser humano. Ha sido objeto de estudio y análisis por diferentes disciplinas y tema central de canciones, poemas, pinturas, novelas, etc. Fíjate que uno de los hallazgos que evidencia su universalidad data de hace 4000 años antes de Cristo: un grabado sumerio que contiene imágenes y frases románticas dirigidas a una pareja. Eso sí, la concepción del amor varía de unas personas a otras. Para unos será ese último refugio de lo auténtico y cálido que esta época tecnócrata y legalista nos ha robado; para otros una ideología que esclaviza a las mujeres. Pero, ¿por qué hoy parece que se demoniza? ¿Por qué hoy todo se vuelve un menú a la carta bajo la concepción de que si no se encuentra lo que se quiere hay cientos, miles, de personas ahí fuera? Creo que esa visión está debilitando la concepción del amor, ¿no crees?
Me despido con una cita de Erich Fromm:
“la gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad occidental contemporánea. No tanto porque las múltiples ocupaciones no permiten una actitud amorosa, sino porque el espíritu de una sociedad dedicada a la producción y ávida de artículos es tal que sólo el no conformista puede defenderse de ella con éxito. Los que se preocupan seriamente por el amor como única respuesta racional al problema de la existencia humana deben, entonces, llegar a la conclusión de que para que el amor se convierta en un fenómeno social y no en una excepción individualista y marginal, nuestra estructura social necesita cambios importantes y radicales”.
Un abrazo.
Y hasta aquí por ahora…
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