Leyéndote, mi cabeza conectaba lo que decías con la "vida de barrio". A veces nuestra vida cotidiana transcurre inevitablemente en no-lugares. Convertimos nuestro día a día en momentos de satisfacción de necesidades creadas por los que también crean esos no-lugares para que las satisfagamos. Creo que muchas veces vivimos en una suerte de "manipulación" con cero pensamiento crítico (y autocrítico). En modo piloto automático compramos, interactuamos en redes, el ocio transcurre muchas veces entre cuatro paredes bajo luces artificiales... Cuando empiezas a despertar de ese letargo quieres transitar lugares con sentido, con historia, que signifiquen algo...
Estoy plenamente contigo, Eva; solemos andar en piloto automático y transitamos los espacios sin mirarlos, sin apreciarlos, como si fuera un mero trámite. Cuando miramos lo cotidiano, la vida de barrio, y damos gracias por ello, por lo que conlleva habitarlo, y le conferimos un valor sagrado en sí mismo, entonces los no-lugares se transforman.
Siempre que te leo encuentro algo que me invita a la reflexión y a la revisión. Cada día al levantarme, a modo de oración, me repito que pueda estar conectado conmigo mismo, con los demás y con el entorno que me rodea. A veces, creo que se convierte en una mera retahíla. Tus palabras han renovado y fortalecido el sentido de la frase. Gracias por el tiempo que nos dedicas.
Cada vez más, todo es tránsito, todo es intercambiable y, por tanto, prescindible porque no contiene un esencia. Concebir, diseñar, construir sin la intención de perdurar impide que haya arraigo. Sin raíces, la cultura, la identidad, las tradiciones, las costumbres son arrastradas como agua de lluvia. Los espacios liminales son una de mis obsesiones habituales, y conectan a la perfección con tu maravilloso escrito.
Se hace duro leerte pero es una realidad muy bien definida, Cuca. Este me lo guardo en mi archivo para volver a él de nuevo.
Tengo que confesarte que estaba esperando tu comentario 🤭. Recuerdo un día, aunque no bien la temática de la nota que publicaste, que te recomendé el libro de no-lugares de Marc Augé. Seguramente en relación a los espacios liminales.
Aunque es duro leerme, no todo está perdido y se puede habitar los no-lugares y conferirles raíces, cultura, identidad, tradiciones y costumbres 😊.
Sí, a muchos se les puede (re)dotar de significado (está en nuestra mano decidir qué hacer con ellos), otros creo que están definidos para una función transitoria, lo cual es igualmente necesario. Como siempre, en la proporción estará la virtud...
Lo que ocurre es que un día tuvimos un problema con un periodista, por incluirlo, y además, preguntar me sirve para ver si la persona contesta los comentarios.
La mayoría de los lectores no quieren que demos visibilidad a los autores que no interactúan con sus lectores. Hicimos una nota y la respuesta estaba clara.
Me ha encantado. Es artículo e índice a la vez; me voy con una buena lista de referencias de las que tirar. También me ha gustado mucho el tono propositivo.
Muchas gracias por la conversación y por la mención.
Te leía y, casi de manera inconsciente, se me venía a la mente la escuela. Pasaba de una línea a otra confirmando que el colegio debía ser justo lo contrario. Pero, ¿y para la gente que no? ¿Y para esos niños que la escuela sea un "no-lugar"?
Pensaba en qué hace del colegio un lugar. Uno con identidad propia. Uno del que quieras formar parte. Uno que, como una comunidad, se fusione con tu propia identidad.
Me he transportado a mi clase. También a la del año pasado. ¿Cuántas criaturas dirían que el colegio es un "lugar" para ellos? ¿Cuántas se sienten parte de él?
Gracias por, una vez más, hacerme reflexionar y aprender con tus textos.
Es muy posible que para algunos niños sea un no-lugar —aulas iguales, todo ordenado del mismo modo, etc.—. En este caso creo que tanto profesorado y gestores como alumnado pueden hacer por conferir a la escuela el valor de un lugar: aulas customizadas —que tengan la identidad de sus alumnos—, patios verdes (reducir la estética del cemento), zonas comunes de encuentro (comedor, salas de juegos, biblioteca), etc.
Pero sin duda alguna, inculcar el reconocerse: saber cómo se llaman tus compis, dar los buenos días y/o saludarse (esto lo vivo en el ejército -donde trabajo-, que nos conozcamos o no siempre nos saludamos y eso hace más reconfortante el espacio), pues implica que alguien te mira.
Mil gracias, Isaac, por traer oportunamente la duda en torno a los colegios.
Yo vivo en un pueblo. Somos muy pocos pero nunca estamos solos. Cuando he viajado a la capital he visto a mucha gente pero no se hablan ni se saludan. Una vez le dir los buenos días al chófer de un autobús y se me quedó mirando extrañadísimo.
Cuando de niño/adolescente ocasionalmente viajaba en tren de Navarra a Madrid nos daba tiempo de hacer amigos en el trayecto.
Te comprendo tan bien, Benito. Yo también procedo de una aldea (5 casas) y tanto con mis vecinos como con los de las aldeas adyacentes nos conocemos, nos cuidamos. Las ciudades han despojado de eso al ser humano, pero no está todo perdido.
Leyéndote, mi cabeza conectaba lo que decías con la "vida de barrio". A veces nuestra vida cotidiana transcurre inevitablemente en no-lugares. Convertimos nuestro día a día en momentos de satisfacción de necesidades creadas por los que también crean esos no-lugares para que las satisfagamos. Creo que muchas veces vivimos en una suerte de "manipulación" con cero pensamiento crítico (y autocrítico). En modo piloto automático compramos, interactuamos en redes, el ocio transcurre muchas veces entre cuatro paredes bajo luces artificiales... Cuando empiezas a despertar de ese letargo quieres transitar lugares con sentido, con historia, que signifiquen algo...
Estoy plenamente contigo, Eva; solemos andar en piloto automático y transitamos los espacios sin mirarlos, sin apreciarlos, como si fuera un mero trámite. Cuando miramos lo cotidiano, la vida de barrio, y damos gracias por ello, por lo que conlleva habitarlo, y le conferimos un valor sagrado en sí mismo, entonces los no-lugares se transforman.
Gracias por estar una semana más al otro lado :)
Siempre que te leo encuentro algo que me invita a la reflexión y a la revisión. Cada día al levantarme, a modo de oración, me repito que pueda estar conectado conmigo mismo, con los demás y con el entorno que me rodea. A veces, creo que se convierte en una mera retahíla. Tus palabras han renovado y fortalecido el sentido de la frase. Gracias por el tiempo que nos dedicas.
Gracias a ti, Luis Antonio, por regalarme un trocito de ti en modo reflexivo y por dedicarme un tiempo entre tus oraciones y quehaceres.
Un saludo.
Cada vez más, todo es tránsito, todo es intercambiable y, por tanto, prescindible porque no contiene un esencia. Concebir, diseñar, construir sin la intención de perdurar impide que haya arraigo. Sin raíces, la cultura, la identidad, las tradiciones, las costumbres son arrastradas como agua de lluvia. Los espacios liminales son una de mis obsesiones habituales, y conectan a la perfección con tu maravilloso escrito.
Se hace duro leerte pero es una realidad muy bien definida, Cuca. Este me lo guardo en mi archivo para volver a él de nuevo.
Tengo que confesarte que estaba esperando tu comentario 🤭. Recuerdo un día, aunque no bien la temática de la nota que publicaste, que te recomendé el libro de no-lugares de Marc Augé. Seguramente en relación a los espacios liminales.
Aunque es duro leerme, no todo está perdido y se puede habitar los no-lugares y conferirles raíces, cultura, identidad, tradiciones y costumbres 😊.
Gracias por estar al otro lado.
Sí, a muchos se les puede (re)dotar de significado (está en nuestra mano decidir qué hacer con ellos), otros creo que están definidos para una función transitoria, lo cual es igualmente necesario. Como siempre, en la proporción estará la virtud...
Qué bueno es ir conociéndose, por cierto :D
Lo incluimos en el diario 📰 de Substack en español?
Como gustéis. Ya en su momento le comenté a David que no era necesario que me preguntáseis, que agradezco la cortesía pero no es necesario ;)
Lo que ocurre es que un día tuvimos un problema con un periodista, por incluirlo, y además, preguntar me sirve para ver si la persona contesta los comentarios.
La mayoría de los lectores no quieren que demos visibilidad a los autores que no interactúan con sus lectores. Hicimos una nota y la respuesta estaba clara.
Me ha encantado. Es artículo e índice a la vez; me voy con una buena lista de referencias de las que tirar. También me ha gustado mucho el tono propositivo.
Muchas gracias por la conversación y por la mención.
Sabes que me encantó poder contar contigo y que alumbraras con ideas propositivas el transformar los no-lugares :)
Gracias, Francisco.
Te leía y, casi de manera inconsciente, se me venía a la mente la escuela. Pasaba de una línea a otra confirmando que el colegio debía ser justo lo contrario. Pero, ¿y para la gente que no? ¿Y para esos niños que la escuela sea un "no-lugar"?
Pensaba en qué hace del colegio un lugar. Uno con identidad propia. Uno del que quieras formar parte. Uno que, como una comunidad, se fusione con tu propia identidad.
Me he transportado a mi clase. También a la del año pasado. ¿Cuántas criaturas dirían que el colegio es un "lugar" para ellos? ¿Cuántas se sienten parte de él?
Gracias por, una vez más, hacerme reflexionar y aprender con tus textos.
Es muy posible que para algunos niños sea un no-lugar —aulas iguales, todo ordenado del mismo modo, etc.—. En este caso creo que tanto profesorado y gestores como alumnado pueden hacer por conferir a la escuela el valor de un lugar: aulas customizadas —que tengan la identidad de sus alumnos—, patios verdes (reducir la estética del cemento), zonas comunes de encuentro (comedor, salas de juegos, biblioteca), etc.
Pero sin duda alguna, inculcar el reconocerse: saber cómo se llaman tus compis, dar los buenos días y/o saludarse (esto lo vivo en el ejército -donde trabajo-, que nos conozcamos o no siempre nos saludamos y eso hace más reconfortante el espacio), pues implica que alguien te mira.
Mil gracias, Isaac, por traer oportunamente la duda en torno a los colegios.
Yo vivo en un pueblo. Somos muy pocos pero nunca estamos solos. Cuando he viajado a la capital he visto a mucha gente pero no se hablan ni se saludan. Una vez le dir los buenos días al chófer de un autobús y se me quedó mirando extrañadísimo.
Cuando de niño/adolescente ocasionalmente viajaba en tren de Navarra a Madrid nos daba tiempo de hacer amigos en el trayecto.
Los tiempos están cada muy deprisa.
Te comprendo tan bien, Benito. Yo también procedo de una aldea (5 casas) y tanto con mis vecinos como con los de las aldeas adyacentes nos conocemos, nos cuidamos. Las ciudades han despojado de eso al ser humano, pero no está todo perdido.
Gracias por compartir.
Un saludo.